Era una mañana gris y con un frio que apuello parecia más bien Siberia. Circulaba por la carretera
que cósa extraña, estaba desierta , sólo las luces del pueblo cercano me hacian suponer, como en otras ocasiones que el bullicio de sus gentes me arroparian en unos minutos. Tomaría en la cafeteria de siempre un buen café y unos churros y me quitaría un poco la sensación de frio en los huesos que tenía. Llegué y aparqué donde siempre me bajè del coche y yá me dió un poco de pánico seguia sin encontrar a nadie, miré por todas las calles que cruzaba y nada ni un alma, ¿ Que pasaba donde estaban los habitantes del pueblo? El frio me helaba la cara y las manos, apresuré el paso y por fin, entré en la calle donde estaba la cafetería. Seguía sin ver a nadíe. Ya el Miedo que minaba y lo unico que quería era entrar en la cafetería. La puerta estaba cerrada intenté empujar y no podía parecía cómo si alguien detrás estuviera empujando, le dí con más fuerza y cedió. De pronto lo comprendí todo, allí estaba el enigma, todo el pueblo estaba haciendo lo que yó quería hacer. (TOMAR CAFE Y CHURROS PARA CALENTARME) . Hacía demasiado frio....
Muy bonito es una historia contada como a ti te gusta de manera literaria que llama la atención pero no hay nada más bueno que un café con churros para el frío, un besito
ResponderEliminarAlgo menos me ha ocurrido esta mañana pero en vez del frio me he encontrado con la lluvia en la Encarnación. Y la vuelta en autobús que un poco más y estoy todavia dando vuelts por la Gran Plaza. Saludos.
ResponderEliminarDime si estoy haciendo lo correcto. Saludos, Reyes.
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